Generar riqueza y empleo en el mundo rural

Antonio Aguilera

Las personas que viven en nuestros pueblos, en el entorno rural, se siguen enfrentando en estos días a un importante desafío: seguir viviendo en los lugares donde han nacido, donde tienen sus raíces, de una manera que les permita generar riqueza, generar empleo sin que su actividad deteriore y degrade el entorno en el que viven.

Aunque hace tiempo dejó de ser una cuestión noticiable, lo cierto es que aún hoy continúa en retroceso el porcentaje de población que vive en el medio rural. Los jóvenes siguen trasladándose a las grandes ciudades como única opción para conseguir empleo y prosperidad en su vida profesional. La actividad rural, vinculada a la agricultura y ganadería tal como se ha entendido en los últimos años no ofrece ningún atractivo más allá que el de conservar el patrimonio natural y familiar.

Y los números resultan aplastantes, son demasiados los municipios del entorno rural que tienen tasas de desempleo cercanas al 40%, el abandono de fincas agrícolas y pueblos es una cuestión evidente, siendo extraordinariamente difícil encontrar alternativas a las actividades tradicionales.

Las políticas públicas llevadas a cabo en los últimos años tanto desde las administraciones autonómicas y nacionales como europeas se han mostrado a todas luces ineficaces, no obteniendo los frutos deseados. No han conseguido frenar la pérdida de población rural, la pérdida de biodiversidad e innumerables artes, costumbres y oficios tradicionales que han sido durante siglos la salvaguarda del patrimonio natural. En última instancia, estamos asistiendo a una degradación de nuestro entorno natural y cultural que se evidencia en importantes desequilibrios sociales, entre otras múltiples consecuencias.

Sin embargo, ante esta situación están surgiendo iniciativas que están consiguiendo transformar las dificultades en oportunidades, y gracias al empeño, trabajo y esfuerzo de sus impulsores, están apareciendo proyectos que están demostrando que es posible generar riqueza y empleo en el entorno rural de una manera sostenible y respetuosa con el entorno.

Fruto de estas iniciativas se están constituyendo y creciendo numerosas empresas relacionadas con la denominada economía verde, que incluye actividades como la agricultura y ganadería ecológica, tratamientos forestales, consultoría medioambiental, recuperación de suelos y recursos hídricos, gestión y tratamiento de residuos, turismo sostenible, construcción bioclimática, energías renovables, educación ambiental, turismo de naturaleza, industrias agroalimentarias artesanales, ecología industrial, cultivos agroenergéticos, etc.

Aunque algunas propuestas parten desde empresas ya establecidos en otros sectores que buscan nuevas áreas de negocio más respetuosos y sostenibles con el medio ambiente, la mayor parte de las iniciativas surgen de los pequeños emprendedores que buscan, en primera instancia, una vía para generar autoempleo.

En este sentido, la figura del emprendedor rural cuenta con una serie de características muy singulares, ya que, no se trata de un perfil de empresario mercantilista donde el principal objetivo es maximizar el beneficio económico. Éste es, sin duda, un objetivo importante y necesario pues es vital generar recursos económicos para garantizar la supervivencia futura, pero a la rentabilidad monetaria es necesario añadir una serie de principios y valores que rigen la actividad de estas pequeñas empresas como son: la conservación de especies animales y vegetales autóctonas, fomento de la biodiversidad, conservación de la cultura, el paisaje, el entorno en su conjunto y, sobre todo, tienen un marcado carácter humanista e integrador en el que hacen partícipe a todo su equipo, a toda la comunidad siempre que les resulta necesario de los beneficios materiales o inmateriales generados por su trabajo.

La defensa, el fomento de este tipo de iniciativas se hace imprescindible como camino hacia el desarrollo rural, como cohesión social, como generación de riqueza y como fomento de la biodiversidad. El apoyo de estas iniciativas individuales o grupales, cooperativas, que aúnen esfuerzos resulta vital para un mayor bienestar presente y futuro de la comunidad en su conjunto.

Hemos de considerar como valor añadido que numerosas de estas actividades reportan una serie de beneficios añadidos a la comunidad muy difíciles de cuantificar, como es, por ejemplo, el caso de la ganadería ecológica, donde está ya probado que el ganado, de forma extensiva es el mejor preventivo contra los incendios forestales, además de actuar como propagador de semillas y de mantener los diversos ecosistemas que se destruirían sin ellos, como es el caso de la dehesa.

Desde los poderes públicos debe realizarse una apuesta firme, sólida, decidida y sostenida por el fomento de estas actividades como vía eficaz para la generación del empleo y la riqueza que tan necesarias están resultando hoy en día en nuestro medio rural.

Los contenidos que publica esta página son opiniones personales y no reflejan la posición oficial de EQUO Sevilla en ningún tema tratado.

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