El Guadalquivir se parece a un dominó. Las decisiones que se toman aguas arriba repercuten aguas abajo. Y los tramos que presentan un mejor estado ecológico son los que se encuentran en la cabecera y en el curso alto de los ríos de la cuenca. En estas zonas es donde los hábitats están menos modificados y la presión de la agricultura es también menor. A medida que se desciende, la calidad empeora. Y esta situación es límite desde el punto de vista medioambiental en el estuario del Guadalquivir
El Plan del dragado del río Guadalquivir promovido por la Autoridad Portuaria de Sevilla está siendo una obra insolidaria, antisocial y antiecológica, aunque dejando de lado lo puramente medioambiental, estamos antes una obra puramente especulativa que pone en evidencia la inutilidad de este macroproyecto, y además todo esto generará mayor destrucción de puestos de trabajo.
Desde antiguo, las necesidades de navegación han condicionado la evolución fluvial del Guadalquivir, y han ido erosionando sus márgenes debido a los dragados del cauce y a los oleajes generados por el tráfico de buques. Sin embargo una navegación a la medida del río y respetuosa con sus dimensiones naturales y su ecosistema no sólo es posible sino que además es deseable para potenciar un turismo fluvial equilibrado y un desarrollo de las comunicaciones entre poblaciones ribereñas.
El Río Guadalquivir es una fuente de oportunidades para la calidad de vida y la sustentabilidad ambiental de las ciudades y pueblos que riega. Es el momento del redescubrimiento de los ríos y de sus márgenes como espacios públicos, con una planificación turística, económica y social, respetuosa e integradora de los distintos intereses ciudadanos y generadora de empleos dignos y sostenibles en el tiempo.
Un Río Guadalquivir que beneficie a todos y no sólo a los intereses de una empresa.