Cada vez son más los acontecimientos políticos que tienen lugar en este país que podrían catalogarse de surrealistas. Cuando pensábamos que la condescendencia -eufemismo de complicidad- del Gobierno con la banca había tocado techo, la actualidad informativa nos asesta otra bofetada cruel que nos recuerda que este amorío no tiene fin. Oiga usted, que el Partido Popular veta en el Congreso la devolución de preferentes pedida por el Bloque Nacionalista Gallego. ¿Y qué te esperabas iluso? ¿A la policía entrando en las oficinas de las entidades financieras requisando ordenadores y esposando a chorizos con traje?
Cuando un Gobierno es prisionero del sistema financiero, pasan estas cosas. Cuando un Ministro de Economía fue presidente de Lehman Brothers en su país, pasan estas cosas. Cuando los Consejos de Administración de las entidades financieras han estado y están colonizados por los partidos políticos, pasan estas cosas. Cuando un Tribunal de Cuentas de un país está integrado por ex-miembros y simpatizantes de los partidos cuyas cuentas no están claras –o sencillamente no están- pasan estas cosas.
Y pasan estas cosas a pesar de que un principio básico de la democracia e incluso del sentido común es que un político está para ayudar al ciudadano. Con decisiones políticas como la de vetar la devolución de las preferentes, nadie en este país, sea de la ideología que sea, ni siquiera utilizando el argumento más enrevesado, puede afirmar que el gobierno está ayudando al ciudadano.
Ayudar al ciudadano es hacer todo lo humanamente posible por enchironar a todos los mercenarios de un banco que han robado los ahorros del pueblo. Lo contrario, proteger a unos pocos a costa del perjuicio de muchos, es antidemocrático por definición.
Pidamos que para las próximas elecciones nos pongan en la papeleta de voto el nombre de bancos en lugar del nombre de políticos, bueno…pensándolo mejor, que nos pongan el logo de los bancos porque mucha gente tendría serios problemas con el Deutsche Bank… seguramente nuestro voto se ajustaría más a la miserable realidad.
José Liétor, miembro de la mesa de coordinación de EQUO Jaén
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