Verdades incómodas

Mantiene Javier Cercas en su novela de no ficción “El impostor”, que una gran mentira siempre se construye sobre pequeñas verdades. Imbuido por este ánimo de intentar encontrar lo que se oculta, yo añadiría, que el ser humano, frecuentemente, escucha solo lo que quiere escuchar, a pesar de ser consciente de que ese rumor de fondo que tan fuerte percibe y que voluntariamente ignora, tiene tanto o más valor o entidad que lo que ha preferido escuchar. Todo esto viene a colación porque el 9 de diciembre “es” el “Día mundial de la corrupción”, aunque visto lo visto y a pesar del imperfecto oxímoron, debería haber escrito “se celebra” (la corrupción). Y es que la mascletá que estamos presenciando está siendo tan espectacular que para expiar los fantasmas individuales y colectivos deberíamos celebrar una salvaje fiesta dionisíaca donde los licores, la música, el desenfreno y demás provocaran una destrucción máxima de nuestras neuronas y que esta consiguiera hacer desaparecer de nuestro cerebro toda la información sobre las corruptelas políticas y los desmanes financieros. Seguro que dormiríamos mejor. De la gran mentira de la que quiero hablar, es que la corrupción es cosa de políticos y poderosos. También de que lo que queremos escuchar, porque lo necesitamos para ocultar nuestra propia inacción, es que “la casta” (exitoso y acertado sustantivo aunque poco clarificador) es quien con su falta de ética nos ha conducido a este callejón sin salida donde la barbarie y la sinrazón campan a sus anchas. Para no andarnos por la ramas, ni se nos pueda acusar de hacer reflexiones teóricas, cojamos como ejemplo esa realidad algo intangible pero tan presente que es un ayuntamiento y para contextualizarlo aún más ya que vivimos aquí, el Ayuntamiento de Córdoba. Es una verdad objetiva e irrefutable que todos los partidos políticos representados en nuestro Consistorio han tenido o tienen entre sus filas a imputados, condenados o multados por la justicia. Desolador, pero cierto. En este caso la Gran Mentira es que son nuestros representantes, o sea que nos representan a los cordobeses y a las cordobesas. Y lo que queremos escuchar es que los ciudadanos de a pie no somos responsables de lo que “ellos” llevan perpetrando durante los últimos años. ¿Y cuáles son las pequeñas verdades? Ahí van unas cuantas: que fueron elegidos en unas elecciones prácticamente democráticas (o sea, que los pusimos ahí nosotros y nosotras); que el sistema, a pesar de que estén actuando contra la ciudadanía, nos permite que los revoquemos, que la inmensa mayoría hemos estado ocupados en “otras cosas” mientras que se cometían irregularidades de todo tipo (urbanísticas, concesiones de contratos públicos fraudulentos, oposiciones a puestos de trabajo públicos amañadas, despilfarro de dinero público en las empresas municipales, etc.); que algunos ciudadanos/as “han sacado tajada” cuando éste o aquél partido estaba en el poder, etc., etc. ¿La solución? Como decía, Gramsci, “frente al pesimismo de la razón hay que esgrimir el optimismo de la voluntad”. Así que lo que nos toca es intentar construir una sociedad civil responsable, comprometida, solidaria y sentar las bases para articular una democracia mucho más transparente, radical y al servicio de la gente. Lo demás son y serán zarandajas. Diego Rodríguez, Educador y Coportavoz de EQUO Córdoba

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