Privatización del Subsuelo Público por parte del gobierno municipal

Ha salido a información pública recientemente  una Innovación del PGOU titulada “Artículo 10.1.4. de Normas Urbanísticas”, promovida por la Gerencia Municipal de Urbanismo de Córdoba (GMU).

Bajo este título, que puede despistar a cualquiera, se trata de privatizar el subsuelo público del Ayuntamiento para poder construir cocheras y venderlas para siempre al propietario. De manera que se daría la circunstancia de que el suelo sería público pero el subsuelo privado.

En definitiva, se trata de permitir la comercialización pura y dura, es decir, vender plazas de aparcamiento a particulares en aparcaderos subterráneos construidos bajo suelo público, para así solucionar un supuesto problema con el que se encuentran las iniciativas de VIMCORSA en la promoción de aparcaderos públicos en la ciudad.

Este supuesto problema se argumenta por la Gerencia diciendo que la gente no está dispuesta a entrar por el sistema de adquisición de plazas de aparcamiento en suelo (o subsuelo) público por el procedimiento de concesión administrativa por un período máximo de 75 años, etc… La solución vendría por ofrecer plazas en propiedad, pero eso no es posible cuando la naturaleza jurídica del suelo es de «dominio público».

Así, si se construye un aparcamiento subterráneo bajo una plaza, calle, avenida, espacio libre, etc. —que son suelos de «dominio público»— no se pueden vender plazas de aparcamiento, sino a lo sumo cederlas por una cantidad económica durante un período máximo de 75 años. Aquí se tiene en cuenta el concepto, tradicionalmente aplicado en el urbanismo, de que el subsuelo que existe bajo el suelo de dominio público también tiene la misma naturaleza, es decir, dominio público, y como tal no puede enajenarse (venderse, para entendernos).

Lo que hacen desde la GMU es montar un artilugio jurídico para separar las naturalezas jurídicas del suelo y subsuelo, de forma que el subsuelo de un suelo de «dominio público» deje de tener esa naturaleza y pueda comercializarse con él. En definitiva, se trata de permitir la comercialización pura y dura, es decir, vender plazas de aparcamiento a particulares en aparcaderos subterráneos construidos bajo suelo público.

Las zonas verdes son vendibles también. Además, aprovechando la ocasión, incluyen los suelos calificados como zonas verdes como suelos susceptibles de estas operaciones. Es decir, se daría luz verde, en principio, para construir aparcaderos subterráneos bajo parques y jardines, con lo que eso puede conllevar. Lógicamente habría que arrasar todo el parque para poder hacer el cofre de hormigón debajo y posteriormente solo se podrían sembrar especies de pequeño porte.

Como se puede ver, la posible “innovación” tiene componentes relacionadas con temas de movilidad, ya que se parte, al menos formalmente, de un diagnóstico clásico de la necesidad de solución del aparcamiento en la ciudad que, de entrada, puede ser completamente discutido y abatido (acabado el problema, no hay que buscar la solución). Creando infraestructuras de aparcamiento lógicamente animamos a más gente a tener coche y por tanto rápidamente se necesitaran más aparcamientos. Como ejemplo de que las soluciones pueden ir por otro sitio, en Londres acaban de terminar el rascacielos más alto de Europa, The Shard, realizado por el arquitecto Renzo Piano (el que hizo el Pompidou en París) y sólo tiene 48 plazas de garaje para invitar al uso del transporte público.

El petróleo arqueológico, que llamamos algunos, puede ser aún más aniquilado de lo que habitualmente viene siendo la tónica con la propuesta de sembrar de aparcaderos en subsuelo la ciudad. Por otro lado tiene evidentes connotaciones de prejuicios graves al medio ambiente urbano, no solamente por lo de los parques, sino por la vía que se abre para intervenir en el subsuelo, a menudo no valorado suficientemente por ser algo oculto, que no se ve. En todo caso si se planteara la necesidad perentoria para alguna zona de aparcadero como algo excepcional lo más inteligente sería hacer un aparcamiento en altura como el de la Cruz del Rastro.

Concluyendo, primeramente, una cuestión de tanta trascendencia como ésta debería ser sometida a un debate público amplio y que se discutiera por la ciudadanía. Segundo, lo de las zonas verdes  parece una aberración, y por supuesto, el tema del nuevo negocio inmobiliario es preocupante. Con medio país hipotecado con la vivienda, ahora van a por los coches, y además a costa del «dominio público».

El infierno está en venta. Al menos en Córdoba se constata que el infierno existe, y se puede vender. Un principio del derecho romano, hasta ahora inmutable, dice o decía, acujus est solum, ejus est usque ad coelum et ad ínferos (el dueño del suelo es dueño del cielo y el infierno). En qué cabeza (conservadora) cabe plantearse vender la calle, lo que es de todos. Ad coelum et ad ínferos, no puede ser de alguien. Algunos pueden terminar en los infiernos…y además pagar por entrar.

Gerardo Pedrós, miembro de EQUO

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