Tradicionalmente los partidos políticos desarrollan su búsqueda de influencia y modificación social a través del juego representativo y de poder bien sea a nivel municipal, autonómico o nacional. Esta estrategia participativa cuenta con la legitimidad tanto constitucional como la emanada de las urnas. A pesar de ello, a menudo, tras el plebiscito correspondiente, el maridaje entre población y sus representantes decae y la clase política despliega su estrategia de forma autónoma de las bases que la legitimaron. Ello supone con harta frecuencia la traición fragrante e impune de sus propios programas e idearios, cuando no la adopción de medidas no planteadas ni discutidas de forma previa a la legislatura.
Esta democracia imperfecta es nuestra democracia actual, pero no estamos condenados a que sea la de nuestro futuro.
Por otro lado en el seno de la denominada “sociedad civil” surgen iniciativas, que habitualmente responden a reacciones ciudadanas frente a injusticias o carencias de nuestro sistema democrático, de nuestra administración o de nuestros representantes políticos. Estas iniciativas habitualmente pretenden corregir estos déficits democráticos; nos ayudan a recordar que el poder debe de residir en el pueblo y que la representación política no exime al representante de mantener su conexión con su representado, ni al representado de mantener su participación vigilante y responsable sobre sus asuntos ciudadanos, sobre lo político.
En estos últimos y tormentosos tiempos estamos siendo testigos de un preocupante fenómeno.
Por un lado, nuestros representantes políticos avanzan en una espiral de deslegitimación ganada a pulso tanto mediante ejemplos individuales de corrupción cada vez menos anecdótica como de desprecio colectivo de la propia ideología y de las promesas electorales en aras de un pragmatismo incomprensible e inasumible. Tampoco se nos escapa que en ese río revuelto de deslegitimación hay pescadores interesados y ocultos que obtienen sus ganancias.
Además, por otro lado, los movimientos ciudadanos emergentes (y valga como paradigma el 15M) ya ni siquiera se dirigen a la estructura de poder democrático para que corrija sus desmanes: simplemente la acusa y proclama su falta de legitimidad (“no nos representan”). Este clamor, sentido no sólo por este colectivo citado sino – me temo – que con carácter bastante general, supone a la vez un riesgo y un reto para la acción política.
Éste es el reto que pretende asumir Equo como partido político con voluntad de transformación social desde su raíz.
Entendiendo que no es posible renunciar al escenario de la democracia representativa, pensamos que el camino es promover la coexistencia de estos dos mundos, estableciendo puentes de forma natural, cuando la realidad lo permita o lo exija, evitando la deslegitimación respectiva.
Entendemos que hay que potenciar el valor de la política desde lo local, entendida como la participación de los ciudadanos en los asuntos que son de su interés y de su incumbencia. Esta participación puede surgir de forma espontánea y puntual u organizada y con voluntad de permanencia.
Esta participación es política en estado puro y, aún actuando en lo local, ha de compartir valores y voluntad de impregnar lo general, alcanzando las mayores cotas de posibilidad de influencia para mejorar nuestra sociedad.
Tal y como comentamos en nuestro programa político, existen hoy en día numerosas iniciativas ciudadanas, con diferente ámbito de influjo y nivel de organización que comparten nuestros mismos valores y estrategias: el respeto por la dignidad, la potenciación del estado social, la corrección de desigualdades, la cooperación y solidaridad como modelo socioeconómico frente a la competitividad y el individualismo, la economía del bien común, el estado laico, la democracia participativa, el desarrollo armónico con el medio… Es nuestra intención promover iniciativas en este ámbito y colaborar con las ya existentes a fin de tejer una red de realidades diferentes, de ejemplos de transformación social desde lo pequeño con voluntad de alcanzar lo grande.
Por tanto también entendemos que debemos actuar en el ámbito representativo, bien sea municipal, autonómico o nacional – europeo, promoviendo o transmitiendo estas “buenas prácticas” en política.
De este modo, de forma natural, el escenario político representativo podrá ir tiñéndose de una nueva ética política que se nutre de la iniciativa ciudadana y que mantiene un diálogo y contacto permanente, basado en la rendición de cuentas y en la corresponsabilidad.
No somos una organización que tenga sus pies separados de la tierra. Precisamente por ello sabemos que debemos y queremos pelear en cada palmo de ella, con cada iniciativa que suponga un rearme ético y responsable para ir tejiendo la red que nos conecte a todos los pueblos en un mundo mejor.
Felix Igea Arizqueta
Simpatizante de EQUO