La situación económica, ambiental, demográfica, y social que padecemos nos obliga a plantearnos de manera urgente y planificada un cambio en el modelo actual de trabajo y en las relaciones laborales que este conlleva. Por ello, en el próximo 1 de mayo, Día Internacional de las personas trabajadoras, deberíamos comenzar a reflexionar y a tomar decisiones, después de años pasados de manifestaciones y celebraciones, sobre las consecuencias del vigente modelo productivo en las personas trabajadoras y el futuro que nos depara. Se hace obvio para cualquier ciudadano que el bucle capitalista de crecimiento incontrolado sustentado en producir más para consumir más acabará destruyendo los recursos del planeta y, por tanto, nuestras aspiraciones a alcanzar un mundo del bien común.
En palabras de Ana María Carnero, coportavoz de EQUO Córdoba, “en un mundo perversa e incorrectamente globalizado se hace necesario tanto, tomar medidas para paliar las desigualdades sociales y económicas que no paran de crecer en el primer mundo, como para erradicar la pobreza extrema, la falta de libertades, el expolio continuado y sistemático de sus recursos naturales, la ausencia de derechos laborales, etc., del resto de planeta. Lo uno y lo otro son consecuencias de una economía de mercado trucada por quienes ostentan el poder político y económico.”
Desde EQUO se invita a la ciudadanía a que, paralelamente a la jornada de celebraciones y reivindicaciones, se realice una jornada de reflexión conjunta de los sectores políticos, empresariales y del trabajo sobre el modelo productivo que realmente necesitamos y los pasos a dar para, pensando en nosotros y en las generaciones futuras, encontrar la forma de conseguir trabajar para vivir bien con menos. Los derechos de las personas trabajadoras irán siempre unidos a modelos laborales, sociales y económicos que contribuyan a la igualdad y la justicia social y los modelos actuales hace tiempo que entraron en decadencia y, por tanto, en retroceso.
Salustiano Luque, coportavoz de EQUO Córdoba, a su vez manifestó que “la complejidad del entramado económico mundial que hemos ido tejiendo en los últimos dos siglos hace que la tarea nos sea nada fácil, que no existan soluciones ni recetas magistrales y simplistas para afrontar el futuro pero existen hilos de los que parece necesario tirar para atisbar una vía alternativa y constructiva a este camino sin retorno. Los trabajos sostenibles, la jornada laboral más corta, el reparto entre hombres y mujeres de los trabajos de cuidados y domésticos, la localización de la economía, el abandono de la educación orientada al mercado, la apuesta por las energías limpias, el comercio cercano, etc.; son caminos que necesitamos transitar. Tenemos que empezar a asumir que nadie nos va a evitar a corto o medio plazo el decrecimiento económico, la cuestión es si nos lo van a imponer con el consiguiente recorte de libertades, derechos y bienestar o si lo queremos anticipar y programar para hacerlo de manera colaborativa, justa e igualitaria.”