El Gran Engaño consiste en difundir “la creencia” de que la crisis europea, en general, y española en particular se debe a la irresponsabilidad en el gasto de los gobiernos, que han incurrido en déficit presupuestarios excesivos y se han endeudado en exceso. Además se nos ha hecho creer que el “elevado” número de empleados públicos es otra de las causas.
Quizás haya algo de esto en lo ocurrido en Grecia, pero tanto Irlanda como España tenían superávit y poca deuda al inicio de la crisis, y como podemos observar en el gráfico adjunto, el conjunto de los países europeos que ahora están en dificultad, los llamados “GIPSI” (Grecia. Italia, Portugal, España e Irlanda) desde 1999 iban disminuyendo sin cesar su endeudamiento.
En cuanto a los empleados públicos, podemos observar el gráfico de los datos de la OCDE, en los que España está entre los últimos puestos.
Como podemos comprobar ambas afirmaciones son falsas.
El problema es que muchos europeos en puestos clave, sobre todo destacados políticos y funcionarios alemanes, además de los dirigentes del Banco Central Europeo y lideres de opinión del mundo de las finanzas y la banca, están totalmente comprometidos con la creencia en el Gran Engaño, y como un dogma de fe, ninguna prueba esgrimida en su contra les hará cambiar de opinión.
En consonancia con lo anterior, el problema de hacer frente a esta crisis suele formularse en términos morales: los países tienen problemas porque han “pecado”, y ahora tienen que redimirse a través del sufrimiento.
Es lo que nos dicen las “sacerdotisas” del neoliberalismo, Angela Merkel, canciller de Alemania, y su homóloga Christine Lagarde (directora del Fondo Monetario Internacional).
Los ciudadanos tienen que pagar por sus pecados pero los especuladores y sus colaboradores deben ser premiados, estos últimos dirigiendo gobiernos y ocupando altos cargos en los mismos.
Frente a los “creyentes” cuyo objetivo es reducir la deuda pública, y su lema es la “austeridad por encima de todo”, están los que podríamos denominar “escépticos” que no creen en dogmas sino en pruebas y entre los que podemos citar a los premios Nobel, J. Stiglitz y P. Krugman y junto a ellos se alinean en nuestro país, Juan Torres, Paco Álvarez, Alberto Garzón, Vincent Navarro, Arcadi Oliveres, etc.
Estos consideran que no hay ninguna razón “natural” para que millones de ciudadanos estén sufriendo las consecuencias de esta depresión, porque tenemos la riqueza, el conocimiento y las herramientas precisas para salir de ella.
Lo que bloquea esta recuperación es la falta de lucidez intelectual y la falta de voluntad política de nuestros gobernantes actuales, al defender los intereses del capital (representado hoy en la banca y entidades financieras) frente a los de los ciudadanos.
Por ello resulta imprescindible la concienciación y movilización ciudadana.
Pero eso será otro tema.
Antonio Pintor Álvarez Médico. Militante de Equo