En la Universidad de Almería, Federico Mayor Zaragoza, al final de una charla debate dijo: “Hay que pasar de la indignación a la implicación”. Dicho así da una bocanada de oxígeno para tomar impulso y seguir manos a la obra, lo que no queda claro, una vez que se sale del auditorio, es por dónde empezar a dar ese paso que debe comenzar en un proceso de cambio interior para el cual serán necesarias el uso de nuevas herramientas como: cooperativismo, talento, imaginación y comunicación.
Empecemos teniendo claro que la innovación tecnológica es necesaria para que las sociedades avancen, bien es cierto que lo es, pero también es necesaria una innovación social, entendida ésta como el aprovechamiento de nuevas ideas en el que se beneficia positivamente al mayor número de personas, siendo la cultura la clave para este nuevo concepto de innovación. Además no podemos avanzar si seguimos permitiendo que se nos mermen o anulen los derechos fundamentales como ciudadanos. Se avecina una nueva ley, sobre Seguridad Ciudadana, en la que se criminalizarán las protestas de la ciudadanía, sin olvidar los ya maltrechos derechos de sanidad, educación, vivienda etc. Empecemos nosotros a actuar localmente para cambiar globalmente, por ejemplo, en nosotros está el ir al comercio local, al cercano: en nuestra mano, por tanto, está conciliar lo local a lo global. Recuperemos conceptos tradicionales como el de consumo, en el que se compartía, intercambiaba, prestaba, alquilaba e incluso regalaba. Desde el 2007, este concepto está rebautizado por Ray Algar como “consumo colaborativo”. En nuestra mano está también hacer que se usen de manera eficiente y eficaz las infraestructuras y el suelo de nuestro entorno: no es concebible que en la actualidad, en la provincia de Almería, haya veinte centros de interpretación cerrados, que han supuesto una inversión de más de tres millones de euros. A esto hay que añadir los numerosos polideportivos, teatros, piscinas, auditorios, etc. de los que los municipios ya no pueden o no podrán hacerse cargo de su gestión y/o adecuado mantenimiento: nunca hemos tenido tantas infraestructuras para generar actividades y dar servicio a la población. Propongámonos estar en aprendizaje continuo, conociendo conceptos nuevos como la permacultura, el bien común, economía participativa, etc. que ya se barajan en un nuevo ámbito llamado cuarto sector, el cual aúna los esfuerzos de la empresa privada, la administración pública y las ONG.
Ya no nos queda otra que ser una sociedad organizada que auto-aprende, sumando nuestras voluntades libremente, aunando nuestra inteligencia emocional colectiva con imaginación y empatía. Dice un proverbio chino: “Cuando llegue la noche más vale encender una cerilla que maldecir la oscuridad”. Si la encendemos cada uno seguro que el paso de indignación a implicación ya lo habremos dado. Ya no nos queda otra: ¿Nos implicamos?