El pasado domingo pudimos ver a Florent Marcellesi en el programa Granjas de Salvados en La Sexta.
En esta entrevista pudimos conocer, de la mano del eurodiputado de EQUO, situaciones de maltrato animal extremo, además de faltas de controles de calidad y veterinarios.
Aquí puedes ver la entrevista completa realizada en dicho programa a Florent Marcellesi.
El presentador del programa, Jordi Évole, junto con miembros de la ONG Igualdad Animal, entraron en una granja de ganadería intensiva de cerdos y descubrieron el horror de los animales que allí malviven hacinados, con malformaciones, heridas, algunos muertos, incluso llegando a ser devorados por los vivos. Terribles imágenes del horror que allí padecen los animales. Animales que probablemente entren en la cadena de productos que luego llegan al consumidor.
Marcellesi nos cuenta los impactos del consumo de carne:
Impactos en el clima
La ganadería es, según la Organización Mundial de la Alimentación y Agricultura (FAO), uno de los sectores que más impactos tiene sobre el cambio climático. En concreto, es responsable del 14.5% de los gases de efecto invernadero emitidos por las actividades humanas a nivel planetario. Hablamos concretamente del 5% de las emisiones mundiales de CO2, el 44% de las de metano (¡más que las explotaciones mineras, petróleo y gas natural!) y el 53% de las de N2O, teniendo estos últimos dos gases un efecto invernadero más elevado que el CO2.
Impactos en la salud
El sobreconsumo de carne es nocivo para la salud. Es responsable de enfermedades como la diabetes y la obesidad, y entraña cada vez más riesgos sanitarios por el uso masivo de antibióticos en animales por la industria ganadera. Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta sobre la relación entre sobreconsumo de carne roja y el cáncer, llamando a no superar la ingesta de 25kg de carne al año. Riesgos que solo irán en aumento hasta convertirse en un problema de salud pública a nivel mundial si se generaliza la producción low-cost y subvencionada de carne, y el consumo de proteínas animales de las clases medias occidentales.
Impactos en los países del Sur
Las proteínas animales requieren para su producción 10 diez veces más hectáreas que las proteínas vegetales. Esto provoca, por un lado problemas ecológicos graves de deforestación. Por ejemplo, en América Latina, mientras que un 75% de la soja exportada se usa para alimentar animales, un 70% de los bosques amazónicos se usan como pastizales. Por otro lado, repercute en un incesante acaparamiento de tierras, con el consiguiente desplazamiento de los campesinos, convirtiendo el sobreconsumo de carne también en un problema social y de lucha por la tierra.
Impacto en los animales
El impacto de la industria ganadera sobre los animales es dantesco. Cada año a nivel mundial, se sacrifican 60.000 millones de animales terrestres y 1 billón de animales marinos para el consumo humano. Solo en España, se sacrifican tantos cerdos como habitantes en nuestro país y tantas aves de corral como habitantes en la Unión Europea. En este modelo dominado por las grandes corporaciones agroganaderas, los animales son desde la cuna hasta el plato meras cosas y mercancías al servicio de una máquina económica voraz. La desvalorización y desensibilización de los animales, así como la negación social de que esto ocurre a gran escala prevalecen frente al bienestar y los derechos de los animales.
Ante esta realidad múltiple, ¿en qué medida deberíamos consumir carne? Si queremos que nuestra dieta sea saludable, justa y respetuosa con el clima y los animales, no deberíamos superar los 20 kg. Es decir, teniendo en cuenta que una persona en España consume de media 50kg de carne al año, reducir más de la mitad este consumo.
Hay alternativa
Para ello, son necesarias varias vías de acción complementarias:
Debemos poner en marcha una transición hacia un nuevo modelo agrícola que privilegie la producción ecológica de proteínas vegetales y, dentro de niveles sostenibles, la ganadería extensiva, ecológica y local. Esto supone reorientar la Política Agrícola Común hacia una política agrícola y de alimentación que incluya el incentivo hacia la producción y el consumo de alimentos saludables y sostenibles de origen vegetal, el fin de las macrogranjas industriales y el apoyo a la ganadería ecológica de pequeña escala.
A nivel local, debemos fomentar políticas para que desde un punto de vista nutricional, nuestra dieta contenga “menos animal, más vegetal”, a través de los comedores escolares, los catering colectivos y públicos, contar con guías municipales de restaurantes con opciones vegetarianas, influir en la “compra verde” e impulsar los mercadillos municipales.
Como consumidores, tenemos en nuestras manos la posibilidad y responsabilidad de abrazar una dieta con menos carne y sustituir de forma gradual las proteínas de origen animal por las de origen vegetal. Para ello, es fundamental incentivar social y económicamente el consumo de legumbres, fomentando los huertos urbanos y escolares, los grupos de consumo, el etiquetado de proteínas vegetales y el trabajo conjunto con los especialistas en nutrición.
Somos un movimiento transversal
Para alcanzar estos objetivos transversales, es estratégicamente necesario articular una amplia coalición y plural a favor del clima, una alimentación saludable, la justicia global y los animales. En ello estamos trabajando un nutrido grupo de organizaciones ecologistas, defensores de los animales, veterinarios, ganaderos extensivos y ecológicos, organizaciones de consumidores o de desarrollo. Si bien no todos tenemos exactamente los mismos enfoques y metas finales, esta alianza de objetivos concretos a medio plazo nos permitirá, sin duda, mejorar sustancialmente el proyecto colectivo contra el cambio climático, cuidar de la salud humana, la solidaridad global y los derechos de los animales.
Para producir un kilo de carne de res, se necesitan 15.500 litros de agua. Un kilo de verduras requiere poco más de 300 litros de agua. Actualmente el 8% del agua utilizado globalmente por los seres humanos se destina a la producción de carne, además de las grandes extensiones de terreno de cultivos para la alimentación de la ganadería.