LA TEMPERTURA MEDIA DE LA CIUDAD DE ALMERÍA HA AUMENTADO MÁS DE DOS GRADOS Y MEDIO EN LOS ÚLTIMOS CINCUENTA AÑOS.
Por Manuel Pérez Sola, de Almería y miembro de la Ejecutiva Verde Andaluza.
“Yo no he visto en toda mi vida un invierno tan seco y caluroso como el que estamos sufriendo ahora”, eran frases habituales en las conversaciones que escuchábamos a nuestros abuelos los niños de mi generación. Y hoy, camino de los 63 años, soy yo el que la usa cuando intento entender el cambio climático que vivimos; porque que si hace medio siglo ya era preocupante la escasez de nieve y lluvias, cómo no vamos a estar preocupados en marzo de 2019, en Almería, la provincia más seca de España, cuando las últimas “cuatro gotas” que cayeron lo hicieron a mediados del mes de octubre. Además, los datos científicos que aporta el Instituto Berkeley Earth de la evolución de las temperaturas en los últimos 50 años, son demoledoras; ya que en ese periodo la temperatura media de Almería capital ha aumentado 2,61 grados, convirtiéndola en la ciudad andaluza donde más se notan los efectos del calentamiento global, superando también la subida de la temperatura media española y europea.
Una de las principales consecuencias de esta situación, es la sobreexplotación de los escasos acuíferos subterráneos, que ya alcanza niveles de no retorno para una agricultura cada vez más intensiva y súper intensiva de regadío, que no deja de crecer en cultivos de olivar, brócoli, lechugas, almendros, etc.; que Impulsan en muchos casos grandes empresas agroalimentarias foráneas con fines especulativos, que cambian el uso del suelo de secano a regadío, roturan nuevas tierras o perforan constantemente pozos ilegales, que acabará más pronto que tarde con el modelo de producción hortícola, el principal motor económico de la provincia.
Esta subida generalizada de temperaturas hace, que fenómenos como las lluvias torrenciales sean cada vez más frecuentes y de consecuencias más desastrosas, (tanto en las comarcas del Levante como en las del Poniente almeriense), que se agravan cuando las riberas de las ramblas son invadidos por cultivos, viviendas y todo tipo de infraestructuras; obstaculizan los cauces por los que tradicionalmente han discurrido estás aguas de escorrentía.
Pero quizás la consecuencia más dramática a corto y medio plazo, es la imperceptible y constante subida del nivel del mar (de uno a varios centímetros anuales, según las zonas), que con los temporales de poniente destruye playas todos los años y que amenaza las viviendas de las primeras líneas de costa; en una provincia como Almería en la que casi las dos terceras partes de sus habitantes residen en poblaciones ubicadas a lo largo del litoral.
Por eso, a pesar de los grandes discursos grandilocuentes y declaraciones de intenciones, lo cierto es que ni las instituciones locales, ni las autonómicas ni las nacionales están adoptando ninguna medida concreta para luchar contra el cambio climático. Y como la comunidad científica sigue advirtiéndonos, de que el tiempo para revertir esta alarmante situación cada vez es menor; ha llegado ya el momento de que la movilización ciudadana exija a nuestros gobernantes el cumplimiento de los acuerdos de la Cumbre del Clima de París en 2016, en donde se comprometieron en hacer todo lo posible para evitar que la temperatura media global subiera medio grado más antes del 2030. Y hay esperanza de que lo consigamos, si nos adherimos al movimiento internacional de la juventud por el clima que recorre Europa, y que este 15 de marzo impulsado por estudiantes de institutos y universidades, nos llama a la movilización general del “Friday for Future”.