Yo he sobrevivido gracias a la educación pública. Por suerte pertenezco a una generación de andaluces estudiantes absolutamente conscientes de que nuestro acceso a la educación media y superior cambiaría nuestras espectativas con respecto a la generación de nuestros padres. Sabíamos que el tremendo esfuerzo se vería recompensado social y económicamente. En la actualidad, como docente en la universidad, tengo más de un alumno que cuando le preguntas algo que implica un pequeño hilo de complejidad o bien te sirves de algún término más técnico se excusa -medio en broma, medio en serio- con la manida frase ‘…es que yo soy de la LOCE’. Se ríen, les parece un comentario divertido, mientras a mí se me desploma el ánimo a los pies por todo lo que esta habitual broma implica. ¿Qué estamos haciendo mal como políticos, docentes y padres para haberles inculcado semejante visión de los responsables generacionales que les preceden?
Hoy creo que los diversos gobiernos de uno u otro color han buscado instaurar una educación edulcorada y líquida, mejorada en falso, orientada principalmente a no formar a jóvenes profesionales, críticos, conscientes ni preparados emocionalmente para resolver los distintos fracasos e imprevistos que les surjan en su trayectoria vital. Percibo como docente que a la mayoría les interesa una educación de ‘pan y circo’: profesores sin el respeto ni recursos que merece una de las profesiones más fascinantes y delicadas de la sociedad junto a alumnos que no disfrutan de la formación ni oportunidades reales que deberían.
Ahora vuelve a entrar un gobierno y en un acto de originalidad sin tregua lo primero que hace es volver a modificar la secundaria común. Es evidente que todos los que nos comprometemos con la política tenemos una visión de la educación que creemos la más acertada, por la que apostamos, pero debemos ser capaces –en el caso de ejercer la responsabilidad pública- de pensar en el bien común llegando a un conseso de calidad que asegure nuestro futuro. Es inadmisible el secuestro partidista de los contenidos educativos, sea de la orientación que sea. En EQUO defendemos con pasión la escuela pública con el fin de promover el prestigio del docente y las instituciones educativas, con el fin de construir el futuro de los andaluces. Nos oponemos firmemente contra cualquier mínimo recorte económico en el ámbito de la educación. Creemos en un modelo educativo debatido conjuntamente entre las bases y acordado por mayoría que se basa en la inversión (¡oh, palabra maldita en estos tiempos!) de entre el 5,5 y el 7% del PIB, al igual que apostamos de un modo decidido por la Formación Profesional como itinerario de calidad y futuro profesional de primer nivel. Sin olvidar la inexcusable apuesta de EQUO en investigación y la puesta en valor de la carrera laboral investigadora imprescindible en un ámbito universitario de excelencia como motor de futuro que permita la transición a un modelo socieconómico sostenible. En EQUO queremos que la educación andaluza sea el motor económico y social más importante del futuro, una educación que desde el más profundo respeto apueste por la laicidad en las aulas donde esta inversión pública se oriente en su lugar a fomentar un potente sistema educativo que incluya a la ciencia básica.
Andalucía es rica en recursos, en recursos humanos, ambientales y climáticos. Andalucía no se puede permitir que su joven talento huya de esta comunidad; resulta absolutamente intolerable que comiencen la carrera universitaria pensando ya en que tendrán que trabajar en otra comunidad o país. Como comunidad, instruir a profesionales para que su rendimiento repercuta en otro entorno es absurdo e insostenible. ¿Cómo asumir el gasto de formarles que beneficiará a otros?. En EQUO pensamos que bajo ningún concepto podemos seguir siendo una ‘comunidad cantera’ de talentos fugados.
Yo, afortunadamente, no fui una alumna de la LOCE. Me formé en un extraordinario instituto público donde aprendí de aquella generación de profesores y de mis padres lo más importante: la objetividad, la exigencia, la responsabilidad y el amor al trabajo. De aquellos años me quedo con una cosa que me enseñó mi profesor de historia durante cuatro años (Jesús Padilla González): a comparar la misma noticia publicada en distintos medios de prensa; en definitiva a pensar, a ser crítico, a mostrar empatía y respeto a los demás. Eso me enseñó aquella generación; a ser solidaria, creativa, consciente…y a tener todo el futuro por delante.
Marisa, profesora de Bellas Artes en la Universidad de Sevilla
y miembro de Equo Córdoba