Residuos sólidos urbanos (I): Esconder lo que falta

Éste no es un texto sobre gestión fraudulenta de fondos públicos, aunque el título bien pudiera sugerir una metáfora sobre ello. Según la última memoria de Sadeco, empresa municipal encargada de la gestión de residuos en Córdoba, durante el año 2011 se contabilizó la recogida de más de 250.000 toneladas de residuos. Serían unas 170.000 si no tenemos en cuenta los residuos procedentes de la industria y las aguas residuales.  Más de 500 kg de residuos por habitante y año. Esto es, cada persona en esta ciudad generando casi kilo y medio de residuos todos los días.

De este documento, descargable desde la página web de la empresa, pueden sacarse otros datos bastante ilustrativos de la situación actual de la gestión de residuos. Por ejemplo, las cifras relativas a los residuos procedentes de la limpieza de las calles, que apenas superan el 2% del total procedente de la recogida domiciliaria.  No dejo de estar agradecido a quiénes me enseñaron que estaba mal tirar cosas al suelo, pero no se esmeraron mucho en explicar qué ocurría después de sacar la basura. También es verdad que pocas veces lo pregunté.

Además de otros servicios adicionales como, entre otros, la gestión de plagas o cremación de restos animales, la gestión de tal cantidad de residuos hace comprensible la necesidad de todo un equipo de personas dedicado a ello. Un dato ilustrativo son los casi 3 millones de kilómetros recorridos en total por la flota de vehículos de Sadeco, sin contar los que no disponen de cuentakilómetros. Casi cuatro viajes de ida y vuelta a la Luna cada año.

Existe el falso mito de que reducir la cantidad de residuos generados quita trabajo al personal encargado de su gestión. O el comentario egoísta de que pagar impuestos nos da derecho a tirar desperdicios sin medida. No sólo ambas afirmaciones son falsas, sino que una buena gestión individual contribuye a hacer que los recursos del equipo de limpieza de la ciudad puedan invertirse en cubrir otros servicios más allá de los realizados actualmente.

Pero ocurre que, como en otros muchos casos, se trata de un trabajo que solo se visibiliza cuando se realiza algún parón, como ha ocurrido recientemente en otras localidades andaluzas. Es el momento en el que bastan un par de días para que el olor de residuos en descomposición inunde la calle y nos recuerde que se trata de un servicio imprescindible. No quería centrar estas líneas en la relación de la administración local con los trabajadores contratados, porque esto tampoco es un texto sobre recortes de fondos municipales.

La filosofía del “más vale que sobre, que no que falte”, con frecuencia hace que algo que no tendría por qué ser un residuo, acabe por serlo. Ocurre nada más posarse en el interior de nuestro cubo de la basura. Según informaciones publicadas por organismos europeos, aproximadamente el 50% de los alimentos se desperdicia a lo largo de toda la cadena de suministro y nunca llegará a ser consumido en nuestras mesas. En este sentido, me resultó una iniciativa interesante la de un restaurante japonés tipo buffet libre, que cobraba un extra a los clientes en función del peso de la comida que había quedado en el plato al terminar. “Nuestro equipo no trabaja para que se pida comida que luego no se va a comer, es deshonroso”, decía la encargada del restaurante. Del lado de la producción y la distribución, también son desperdiciadas miles de toneladas por temas que atienden desde motivos estéticos hasta relaciones comerciales injustas.

Pero además de un consumo consciente, la recuperación en origen es otra de las claves. Un ejemplo ilustrativo de sobra conocido es la propia receta de las croquetas, que habiendo surgido como forma de aprovechar los restos del cocido, hoy la vemos formando parte del punto de partida de selectos menús. Quizá se trate simplemente de ser agradecido con lo que tenemos, desde los recursos que la naturaleza dispone, hasta el trabajo humano que hay detrás. Quizá esté bien recordarlo, aunque no sea éste un texto que trate sobre la cantidad de familias que no disponen de recursos suficientes para una alimentación completa y saludable.

Porque éste quería ser un texto que hablara sobre un tema que no se ve porque lo tenemos algo escondido. Atañe a nuestro modo de vida, y quizá por eso sí que finalmente esté conectado con todos los temas de los que nunca quiso hablar directamente. Si no nos contaron entonces esa larga historia que los residuos tienen detrás, su particular ciclo de vida, aquí se ha intentado contar algo sobre el principio. Porque antes de reciclarse o posarse en un vertedero, se esconden en un contenedor, y antes, en un cubo en nuestra propia casa.

Pablo Caballero, simpatizante de EQUO

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