Mi principal propósito para este año que comienza es el de mantener el optimismo contra viento y marea. Cumplido ya el primer mes de 2013, parece que las cosas no pueden ir a peor. Aunque, por otra parte, eso es lo que llevamos pensando ya los últimos años y la realidad sigue empeñada en contradecirnos. El número de parados rozando los 6 millones de personas. Cerca del 60% de los jóvenes que aún quedan en España sin trabajo. Muchos se han ido al extranjero a buscarse la vida en un éxodo que nos recuerda tiempos pasados. Los desahucios que nos gritan su drama a diario. Y los sobres, los EREs, los chalets de lujo, los fondos de reptiles, los sueldos millonarios que esperan al otro lado de la puerta giratoria. Y una clase política mayoritariamente desconectada de la cruda realidad a la que tantas y tantas personas se enfrentan a diario y dimitida de su deber de representar y defender los intereses de los ciudadanos.
Y, sin embargo, a pesar de todo y de que cada día me prometo no volver a abrir el periódico, soy optimista. Sinceramente, a diario veo pequeñas cosas, gestos, iniciativas que me llenan de esperanza y me hacen pensar que el mundo que viene será mejor. Iniciativas que dan en la línea de flotación del modelo económico, el capitalismo financiero, que está en la raíz de la crisis económica y ecológica que estamos sufriendo. Dice Antonio Baños Boncompain en su Posteconomía que el capitalismo es un ente cinético al que la oposición de otros movimientos no ha hecho más que dar alas y que la mejor manera de enfrentarse a él es desertando, retirándose de las normas y ritmos que impone. D e c r e c i e n d o.
Y eso hacen cada vez más personas, optar por el consumo consciente, ecológico y de circuito corto. Elegir compartir, reciclar, intercambiar, regalar, microfinanciar. Se multiplican las iniciativas colaborativas como huertos urbanos, redes y mercados de trueque, espacios de coworking, grupos de consumo, cooperativas de productores, bancos de tiempo, mercaos sociales, préstamos solidarios de bicicletas, pic-nics veganos, sesiones de croché colectivo, espacios culturales autogestionados, y hasta periódicos y editoriales poéticas cuyo principal punto en común es que surgen de las ganas de hacer y compartir cosas de manera directa, sin intermediarios, y de ganarse la vida haciendo lo que a uno le gusta y de defender aquello en lo que uno cree.
Y creo que esto es motivo de optimismo, porque supone que además de tomar conciencia de la situación se está pasando a la acción. Pequeñas grandes acciones e iniciativas que mejoran y enriquecen nuestro mundo y que deberían salir más en los periódicos. Mi propósito de año nuevo para 2012 fue dejar de fumar. Lo conseguí. No creo que el de este año sea más difícil, ¿no?
Sara Pasadas del Amo, simpatizante de EQUO Córdoba
Una idea sobre “Brotes verdes”
¡Me apunto a tu propósito de año nuevo, Sara! Gracias por esta reflexión fresca y esperanzadora. Frente al desaliento que transmiten las noticias con que los medios nos bombardean diariamente creo que es importante transmitir la idea de que la transición a otra sociedad posible está haciéndose realidad ya y aquí a través de esas múltiples iniciativas que enumeras.