“Alfombra roja para los emprendedores”, dijo la portavoz del Gobierno y, no sé por qué, me puse a temblar. Y no porque el emprendedor, en sí mismo, me de miedo; si acaso, el verdadero objetivo, los modos y maneras de lo que se pretenda emprender. Pero en este caso, además, mi preocupación se acentúa al escuchar a los que están dispuestos a ofrecerles la supuesta alfombra. Un miedo, me atrevería a decir, cuyo fundamento no es figurado, sino empírico. Y es que, hasta ahora, si hacemos memoria, la mejor colección de alfombras persas la han puesto a los pies de los que han acabado pisándonos, no sólo a nosotros, sino a todo el sistema, al propio planeta y a todo cuanto se les pone por delante: multinacionales caníbales, empresarios insaciables y sin escrúpulos, defraudadores con pedigrí, especuladores de todo tipo (del capital, de los alimentos, de las medicinas, de las hambrunas ajenas, de las guerras… de la propia alma), banqueros con contratos blindados que gestionan nuestra ruina, y un largo etcétera, al que éste Gobierno suele recibir, como celebridades en la gala de los Goya, poniendo a sus pies la lujosa alfombra que pagamos entre todos. Y lo peor es que, a este tipo de emprendedores y a esa cultura empresarial, ahora no se conforman con ofrecerles nuestras mejores alfombras, sino la casa entera. Y a los hechos me remito.
Si a la Comunidad de Madrid, por poner un claro ejemplo de lo que denuncio, le quedaba algo de “Señora” tras el trato de sus políticos, ahora pretenden vejarla del todo, colocándole finas medias, con sus seductores ligueros, pintándole los labios de rojo carmín y, como provocativo sujetador, una par de estrellitas en sus pechos, para que el “salido” emprendedor de turno (en éste caso, el magnate de las Vegas), caiga rendido a sus prostituidos encantos, para hacer con ella lo que quiera. Eso sí, metiéndole de vez en cuando un billete en el ligero, en el tanga o entre los pechos.
Señores del Gobierno: que estamos en CRISIS, por que nosotros SÍ LA SUFRIMOS, ya lo sabemos. Pero si, con toda nuestra desesperación, no nos lanzamos en masa a la calle para prostituirnos (con todo el respeto para quien libremente lo elige), por qué, en el nombre de todos, lo hacen ustedes.
Cada vez que ofrecen beneficios fiscales a los defraudadores, están prostituyendo a la sociedad. Como lo hacen, cada vez que se pliegan a las grandes empresas que contaminan, especulan con todo o monopolizan sectores básicos. O cuando ofrecen el permiso de residencia al mejor postor (por la compra de una vivienda de lujo). O cuando, en general, ponen sus famosas alfombras a todo este tipo de empresas y emprendedores; como al citado empresario de las Vegas: cambio leyes a su medida, exenciones de impuestos, vista gorda en asuntos penales y un largo etc. que no cabe en este artículo. Y ya puestos, por qué no, ponemos también el champán y la cama.
La cuestión, por tanto, no está en agasajar al emprendedor, por tal de que mueva dinero al precio que sea y a costa de quien sea; ni favorecer a cualquier tipo de empresa que, con la escusa del puesto de trabajo, hipoteca nuestro futuro y, lo que es más grave, el de nuestros hijos; ni, en definitiva, seguir fomentando esa cultura empresarial, que nos denigra como personas (convirtiéndonos en un mero eslabón de la producción), expolia los recursos o destroza el medio ambiente, porque la empresa (y su empresario) está por encima de quienes trabajan en ella, y de su hábitat.
No, este artículo no es para denunciar a los emprendedores ni a sus empresas, si no a los que fomentan la peor de sus versiones. Y como prueba de ello, quiero alzar mi voz en reconocimiento de de muchos emprendedores y empresas que, contra viento y marea, sin apoyo de las instituciones (es decir, sin ningún tipo de alfombra bajo sus pies), intentan poner en marcha proyectos en los que el ser humano, y su hábitat, constituyen el verdadero objetivo empresarial.
Por eso, tras esta denuncia, quiero hablar de los proyectos emprendidos con verdadera vocación social, donde el beneficio se mide por lo que la empresa aporta al ser humano, y no por lo que el ser humano aporta a la empresa; cuando ésta, por encima de todo, trata de alimentar ese insaciable apetito de lucro que amenaza con fagocitarnos a todos.
Y, como ejemplo de esos proyectos, quiero empezar por la “banca ética”, cuya mayor expresión, aquí, en España, se ha ido formando entorno a “FIARE”: una cooperativa de crédito, NO ESPECULATIVA, que sólo financia los proyectos que, por su dimensión social (creación de puestos de trabajo, en segmentos de la población con riesgo de exclusión social), por su respeto al medio ambiente, por su sostenibilidad y, en definitiva, por el beneficio aportado a la sociedad, ayuda a construir otra realidad, demostrando que puede existir otro tipo de banca, que sólo cotiza en la bolsa de los valores humanos.
Afortunadamente, además, para el verano que viene, está previsto que pueda operar, a todos los efectos, como un banco más. Lo que nos facilitará, a todos los que nos sentimos expoliados, engañados, defraudados y, lo peor, cómplices de nuestro propio hundimiento (porque nuestro dinero les da su poder), la posibilidad de, al fin, colocar nuestro dinero, por poco que sea, en un lugar donde “el Consejo de Administración” es un “Comité Ético” independiente, que vela por que se cumplan unos estatutos basados en sus fines sociales. Una forma de emprender, a la que quiero ofrecer mi modesta alfombra roja, y a la que espero acudamos en masa, para ayudarnos a nosotros mismos, quitándoles poder a los que, con nuestro propio dinero, nos denigran.
Pero hay otros muchos proyectos a los que nos podemos sumar, para crear otro tipo de sociedad mucho más humanizada, como los mercados de comercio justo, los de intercambio o trueque que, junto a cooperativas de reciclaje, reparación y reutilización, ayudan a alargar la vida de los productos, haciendo más sostenible nuestro modelo de vida. O las nuevas iniciativas, que fomentan el consumo de productos locales, cuyo impacto ecológico es mucho menor al reducir la contaminación por su transporte. U otras iniciativas que nos invitan, sabiamente, a consumir en las tiendas del barrio, para, entre otras cosas, impedir que los grandes monopolios, especialmente los de alimentación, tengan secuestrados a vitales sectores del mismo, imponiéndoles condiciones suicidas que acaban por afectarnos a todos.
Es un breve resumen de esa otra forma de emprender, que puede ayudarnos a sanar a ésta sociedad. Una sociedad que parece descomponerse por la leprosa codicia de que quien suele ostentar un poder, que acaba imponiendo su propio sistema (capitalismo inhumano), ya incontrolado, como única forma de mantener su supremacía.
Y es ahora, justo en ésta CRISIS (también, y sobre todo, DE VALORES), cuando más necesitamos cambiar la mirada para que las cosas cambien. Y una nueva forma de mirar que propongo: aprendamos a emprender.
José Moral, simpatizante de EQUO Córdoba