Ya que las personas somos animales sociales, queramos o no implicarnos individualmente en el desarrollo de la sociedad.
Dado que el entorno social necesita de una fuerza, de una intención, que ordene la convivencia.
Y como estamos comprobando que los gobiernos hacen una política que no favorece a las personas.
Y como la política no es más que, simplemente, la búsqueda de fórmulas de organización social que armonicen todas las visiones, anhelos y necesidades personales.
Y como la sociedad está tomada por los poderes económicos que buscan el pelotazo de la especulación.
Las personas nos vemos sin trabajo, sin ingresos para mantener una vida digna.
Las personas nos vemos sin casa, viviendo en la calle o en el coche.
Las personas vivimos sabiéndonos piezas de un engranaje comercial que nos usa cuando al negocio conviene.
Las personas vivimos amansadas en el rebaño de la estupidez al que nos encauza la tele.
Pero las personas necesitamos trabajo, casa y dignidad porque somos personas. Necesitamos respirar en libertad y que no se nos controle con las drogas sociales. Necesitamos a la naturaleza para comer, para vivir. Y necesitamos dormir cada noche sabiendo que no existen gobiernos dictadores que matan a la gente, sabiendo que no hay países donde los niños mueren de hambre, sabiendo que en ningún lugar del mundo nadie muere por enfermedades curables.
No queremos fabricar armas y no queremos guerras. No queremos centrales nucleares y sí queremos un futuro para las nuevas generaciones. No queremos comestibles transgénicos y sí queremos salud.
Pero, ¿cómo cambiar todo esto? ¿Qué podemos hacer las personas que no somos nadie?
Pues precisamente en ser nadie tenemos la solución. Pues somos millones de nadies. Millones de nadies sin trabajo, millones de nadies sin casa, millones de nadies con hambre, millones de nadies sin un futuro que ofrecer a los hijos y a las hijas.
Pero somos millones.
Y tenemos poder para cambiar lo que queremos cambiar. Tenemos poder para organizar la sociedad de forma justa para todas y para todos.
Aunque, fíjate, llegando a reconocer que tenemos la capacidad de cambiar el mundo ya estamos entrando en el juego político. Porque la política no es más que la búsqueda de fórmulas para el bienestar común, de todas las personas del planeta.
Como nadies que somos, los millones de personas que vivimos en este mundo tenemos la obligación moral de aportar soluciones a los conflictos que genera esta sociedad. Y podemos dotarnos de las soluciones que benefician a todos y a todas y no a la especulación.
Somos nadies y no nos podemos bajar de este mundo. Porque dar nuestro poder de organizar la sociedad a quien primero llegue nos deja sin la posibilidad de hacerlo nosotras y nosotros, que somos quienes sabemos lo que necesitamos, lo que queremos.
La solución a nuestras propias quejas la tenemos en seguir siendo nadies, pero nadies que se organizan en asociaciones, nadies que se organizan en trabajos autogestionados, nadies que se organizan para producir alimentos sanos, nadies que se organizan para producir la propia energía, nadies que se organizan a favor del desarrollo humano.
Nadies que se organizan.