Ante la aparición de un nuevo artículo con afán más que evidente de justificación del uso de la técnica conocida como fractura hidráulica o fracking, nuestro coportavoz, David Palomino, ha enviado la siguiente carta al director del diario «El País»:
FRACKING
Desde el aumento de licencias de fracking, y la consiguiente polémica por sus consecuencias, hace ya algunos años hemos podido leer varios artículos en páginas de “El País” en los que, siempre firmados por personas a las que se les supone alta cualificación técnica, se trata de defender, tras un supuesto análisis pormenorizado, los beneficios que esta técnica nos traerá y minimizar los perjuicios asociados. Se trata siempre de justificar en el desconocimiento y la inexperiencia las consecuencias negativas hacia el medio ambiente que esta técnica ha traído en aquellos sitios en las que se ha llevado a cabo. La justificación de un enorme (aunque hipotético) beneficio económico les lleva a dar por buena la posibilidad del daño.
Pues bien, ni el daño es tan pequeño, ni el beneficio es tan grande, ni lo uno ni lo otro se circunscriben a los ámbitos analizados sino que van mucho más allá del sitio y el momento de la prospección.
El daño ambiental es enorme, porque a la contaminación de acuíferos y tierras de cultivo hay que añadir emisiones, seísmos, ruidos, consumo de agua potable en cantidades desmesuradas, etc. Y cuyos efectos perdurarán durante muchos años más de los que dure la propia explotación.
El beneficio económico en la extracción sólo se corresponde con yacimientos de gran cantidad de gas, hay yacimientos abandonados en EE.UU. tras pocos meses de explotación por la escasa cantidad extraíble, pero el daño ya está hecho. Hay que añadir la escasa repercusión en el empleo de la zona afectada pues la mayoría de los trabajos son puestos técnicos que las compañías, siempre de fuera, cubren con su personal desplazado.
Por otro lado a este supuesto beneficio hay que contrarrestar el evidente perjuicio que para la economía tradicional y agrícola de estas comarcas conlleva el riesgo de contaminación y, por consiguiente, la disminución en la calidad y consideración de los productos allí obtenidos.
Por ejemplo, en Jaén, donde habito y provincia con mayor número de licencias de Andalucía, sería difícil seguir vendiendo nuestro aceite de oliva virgen extra de probada calidad y prestigio en todos los mercados europeos, americanos y asiáticos, exigentes como son con las garantías del producto, que pasaría a provenir de una zona amenazada de contaminación grave de tierras y agua por enormes cantidades de agentes químicos.
Demando a “El País”, como medio de comunicación de enorme importancia, que ofrezca la misma tribuna y oportunidad a aquellos otros técnicos, de al menos igual valía que los primeros, que llevan mucho tiempo demostrando los efectos negativos del fracking por encima de cualquier duda posible.
Ni se justifica ni se sostiene la defensa del fracking en un supuesto avance hacia la independencia energética, que en nuestro país podríamos alcanzar apelando a un cambio de modelo basado al 100% en energías renovables, en las que sí somos potencia mundial, que sí crean empleo en la zona, que benefician al medio ambiente y que nos introducen en la locomotora que nos lleva al futuro en el que, y en esto estaremos todos de acuerdo, las energías provenientes de combustibles fósiles no estarán.
David Palomino Ramírez
Coportavoz de EQUO Jaén
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